sábado, 9 de abril de 2011

Anoche improvisé un cuento

Intentaré ser fiel al relato original:




Había una vez un pescador que estaba en la playa embarcando cuando una estrella de mar le preguntó hacia dónde iba. – Voy a pescar un pez gordo, muy gordo. – Ah, el Frijolero, él vive debajo de una roca fosforescente en el fondo del mar. El pescador partió en la noche, estaba tan oscuro que no se veía la palma de la mano. Anduvo mucho tiempo hasta que vió una luz en el fondo del mar. Entonces detuvo el barco y enganchó un frijol en el anzuelo y bajó la línea. Esperó así una hora, dos horas, tres horas. Cansado, recogió la línea y descubrió que en el anzuelo no estba más el frijol. - No puede ser! me comió el frijol y no me dí cuenta!. Agarró un nuevo frijol, lo enganchó en el anzuelo y lo bajó. Esperó una hora, dos horas. Cansado, recogió la línea y descubrió que nuevamente el pez se había comido el frijol. - Ah, no! este pez me está tomando el pelo! no puede ser que me coma los frijoles sin mover la caña! Cansado, se acostó el el barco y se quedó dormido. A la mañana, cuando despertó, no se veía más la luz en el fondo del mar, así que volvió a la costa. Allí encontró a la estrella de mar, quien le preguntó cómo le había ido. Después de que el frijolero le contara lo que había pasado, la estrella dijo -Ah, pero el Frijolero no es tonto! no se va a dejar engañar tan fácil! él sabe que es un trampa. Para atraparlo vas a tener que ponerte a pensar. El pescador pensó: - Cómo hago para atraparlo allá abajo sin que se dé cuenta? Quizás en vez de ir hasta allá abajo con el frijol debería atraparlo acá arriba. Partió esa msma noche y al llegar a la piedra fosforescente, el pescador, con una jeringa, llenó de aire un frijol y lo tiró al mar. El frijol flotó y el pescador esperó. De repente, el pescador empezó a notar que la luz de la piedra fosforescente comenzaba a hacerse cada vez más grande y parecía que subía hacia donde estaba el frijol, hasta que un pez gigante saltó fuera del agua devorando el frijol y volvió a hundirse en el mar. El pescador vió al frijolero a la luz de la luna, explotaba en colores que brillaban sobre escamas de formas originales y variadas. El pescador supo que no podía intentar atraparlo nuevamente, no podría robarle esa belleza al mar. Algunas noches el pescador inflaba frijoles y se los arrojaba al Frijolero, y ese intercambio fue su amistad.